febrero 08, 2009

Reportaje de Ocelote publicado en Milenio.

Reportaje publicado en Milenio.


El miedo que secuestra


I. Un preso


Joel es fotógrafo, tzeltal, uno de los tantos individuos sin nombre ni rostro que emigró de su lugar de origen (algún lugar selvático del sureste mexicano) con la esperanza de encontrar mejores oportunidades y condiciones que le permitieran no sólo sobrevivir, sino reclamar para si y para los suyos eso que el llama tierra, trabajo, educación, libertad y justicia.


Joel, indígena chiapaneco, consiguió hace ya varios años una beca en la escuela activa de fotografía gracias a Paula Haro y Lorenzo Haggerman, directores de La 68, Casa de Cultura Elena Poniatowska.


Como cualquier persona que radica en la Ciudad de México, es cauteloso, pero a diferencia del común ciudadano, Joel extrema precauciones, desconfía, apresura el paso, evita alzar la voz y su mirada observa detenida y velozmente todo cuanto lo rodea, pues dice que nunca faltan “orejas y ojos no gratos, molestos, pues”.


La cita en principio se acordó para las 4 de la tarde, pero una llamada la cambió para una hora después a la entrada de un comercio al sur de la ciudad. Una vez allí, el entrevistado sugirió cambiar de sitio y sin más explicaciones comenzamos a caminar, andando y desandando los pasos, hasta llegar a la Plaza San Jacinto, cerca del Centro de Coyoacán.


Su mirada es penetrante, sus rasgos de indígena tzeltal le dan un aire serio y duro, el de un hombre acostumbrado al trabajo intenso en una milpa, bajo el rayo del sol o una persistente lluvia selvática. Sus manos anchas y gastadas, fuertes, dan prueba de ello.


La única condición fue la de no hacer preguntas sobre el zapatismo y los zapatistas. Su única queja giró en torno a los periodistas tendenciosos que pretenden cambiar el sentido de las entrevistas para hacerle mala publicidad al zapatismo. Es por eso que decidió evitarlas.


Otro rasgo que comparte Joel con los que vivimos en la Ciudad de México, es el temor constante y la zozobra. El ciudadano promedio vive con miedo al asalto, al secuestro y a la extorsión; la situación de Joel, sin embargo, es ligeramente diferente, el sutil destello de temor que muestran sus ojos se debe a su pasado: estuvo en prisión injustamente.


Fue uno de los presuntos zapatistas presos hace unos 10 años, cuando el gobierno de Ernesto Zedillo torpemente trataba de legitimarse, poco tiempo después de que el diálogo entre la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) y el EZLN se rompió.


Joel estuvo preso en el Centro de Readaptación Social de Almoloya de Juárez, las autoridades determinaron que su encarcelamiento se debía a la presunta relación con el Ejército Zapatista. Nunca tuvo cargo militar, nunca usó un nombre de batalla. Joel, a secas, evita preguntas y se limita a narrar su infancia en una comunidad indígena, a la que llegaron, a mediados de los ochentas, personas pertenecientes a una organización maoísta, posteriormente conocida como Ejército Zapatista de Liberación Nacional.


A cuentagotas, el fotógrafo cuenta la importancia de la radio clandestina “Radio Venceremos”, misma que le mostró la realidad centroamericana y la lucha armada y la guerra civil en El Salvador. Fue en ese momento de su juventud, y con la voz del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que Joel comenzó a preocuparse por la situación social, económica y política de su comunidad.


Llegó al Distrito Federal para trabajar y estudiar. En la ciudad terminó la primaria y la secundaria y tomó cursos de fotografía. Salió de ella por el temor de ser detenido. En una casa de seguridad del EZ en Toluca fue sorprendido junto con otras personas y de allí lo trasladaron al Penal de Santiaguito, en Almoloya.


Cuauhtémoc Cárdenas e Irma Serrano (cuando era Senadora por el PRD) fueron sólo algunos de los personajes políticos que en su momento se preocuparon por los presos políticos, desgraciadamente ese tema se diluyó paulatinamente de la agenda política y quedó en el olvidó (reavivándose nuevamente tras el conflicto social en Atenco, con nuevos presos políticos y de conciencia).


En repetidas ocasiones Joel se detiene y pregunta si estoy grabando la conversación. El acuerdo de no grabar a menos de que el lo permita se cumple cabalmente y la charla con el presunto zapatista termina con la promesa de una futura entrevista con Salvador Morales Garibay, un alto rango en las filas del EZ, quien también fue encarcelado durante la pesquisa que el gobierno federal emprendió después del levantamiento armado en Chiapas.


Joel se considera a si mismo como un preso de conciencia, pero considera también que el ciudadano común, aquel ajeno a ideologías o a organizaciones, también lo es. Esto por el temor que la sociedad siente frente al gobierno, por la inseguridad, los secuestros, los asaltos y los ajustes de cuentas que a últimas fechas se han incrementado, afectando ya a civiles inocentes que han estado en el lugar y momento equivocados.


II. Todos los presos


El miedo es un mecanismo de supervivencia que nos permite evitar el peligro (o en ocasiones hacerle frente) y conservar en buen estado la integridad física y psicológica. Cuando esta sensación actúa como instinto natural, el efecto resulta positivo: el ser humano logra salir de situaciones potencialmente dañinas.


Cuando el miedo es utilizado como mecanismo de represión, este se convierte en violencia, y cuando ésta se usa para agredir a una agrupación colectiva desde la misma estructura política o económica para causar hambre, enfermedad o muerte, se convierte en violencia estructural. Como resultado, los mecanismos de supervivencia del ser humano dentro de una sociedad se atrofian al grado de vivir en un constante y malsano estado de alerta. Surgen entonces trastornos de ansiedad (en el plano psicológico) y descontento e ira (en el sociológico), por mencionar solo algunos de los efectos nocivos de la violencia y el miedo.


El caso de los presos políticos no dista mucho de la sociedad civil.Los primeros son privados de la libertad por un sistema de gobierno ineficiente que prefiere la imposición violenta de una autoridad obsoleta, que lejos de promover la impartición oportuna y objetiva de justicia y el bienestar común, otorga impunidad a servidores públicos en todos los niveles, y promueve la corrupción y el beneficio económico de un sector de élite dentro de la sociedad.


La segunda, es privada de la libertad de expresión y de las garantías individuales que el mismo derecho constitucional establece (de igualdad, de libertad, de propiedad y de seguridad jurídica). La sociedad se encuentra, entonces, presa por un gobierno torpe, incapaz de comprender sus necesidades, con un discurso bipolar que pregona “mano dura” contra la impunidad y la corrupción y que a la vez lanza un grito sumiso y confuso que aparenta pedir ayuda, olvidando que es el gobierno quien debe mostrar resultados y ofrecer ayuda, no pedirla.


Naomi Klein, autora de La doctrina del shock propone la tesis de que al igual que se pueden provocar estados de shock a nivel individual (se hacía con los enfermos mentales y se aplicó en el ámbito miltar para “ablandar” prisioneros), también es posible hacerlo a nivel general, bien sea aprovechando situaciones exógenas o bien provocándolas.


Klein menciona que “una sociedad en estado de shock admitirá la imposición de cambios y de normas mucho más fácilmente de lo que lo haría en condiciones normales”. Esta visión bien se puede aplicar a la sociedad mexicana, que vive en un permamente estado de conmoción, lo que, probablemente, la haga susceptible de ser secuestrada.


El autor o autores del secuestro, aunque difusos, aparecen en los encabezados y titulares de los medios de comunicación.


Sólo para hacer un breve recuento baste mencionar los siguientes datos: México ocupa el primer lugar en secuestros, tiene una larga historia de guerra sucia, y un alto índice de corrupción.


Liga al reportaje

4 comentarios:

moderato_Dos_josef dijo...

Un documento inquietante que durante el tiempo que lo, lees consigue meterte el malestar en el cuerpo de quien es acechado y perseguido con el único fin de apresarlo, extorsionarlo o asesinarlo...Gracias por el post. Un abrazo.

l u dijo...

Excelente reportaje!

Me gusta la forma sencilla en que vas engarzando ideas complejas, sobre todo en la parte en que defines el miedo y como llega a ser violencia estructural.

Felicidades!

Ponx dijo...

Sí sí, la segunda parte es muy buena.

Ocelotl dijo...

moderato_Dos_josef, Gemelita, Ponx

Gracias por los comentarios, a su vez les comento que el libro de la doctrina del shock es un material bastante interesante para entender algunas (muchisimas) de las acciones de la polìtica en nuestro país.

Saludos y abrazos cordiales!

Nos seguimos leyendo