septiembre 20, 2006

Oaxaca, crónicas sonámbulas.

Pensar en Oaxaca me produce dos sensaciones inequívocas: alegría y hambre.
Cuando alguien va a Oaxaca y me pregunta qué quiero que me traiga pido tres cosas, agua de zapote, tasajo y todas sus montañas.
Las mejores fotos que he tomado en mi vida las tomé en Oaxaca.
Las personas más comprometidas con su trabajo, las conocí en Oaxaca.
A un año de haber estado ahí, regreso gracias a Fernando Solana, quien entreteje historias, como blusa de india mixteca y llena de color lo que de por sí reboza de vida.
La historia incia con tintes de homenaje al abuelo del autor, se encarna en la persona del español que sueña con su patria y se enamora de la nuestra y termina en un abrir y cerrar de ojos, después de haber hecho un recorrido literario del México y la Oaxaca que vivieron Ajofrín, Manuel Toussaint, José Antonio Gay, Aldous Huxley, D. H. Lawrence, Ítalo Calvino y Malcom Lowry; las peripecias del naturalista Cassiano Conzatti y de Désiré Charnay, primer fotógrafo del Tule, y la derrota política de Vasconcelos y el hallazgo botánico de Blasius Paul Reko.
Tres personajes secundarios llamaron más mi atención que los propios protagonistas: Apolonia, La Didjazá y Juan Matías . La primera una anciana misteriosa a la que todo el mundo recurre en busca de cura, Apolonia la que cura con hongos... ; la segunda, una legendaria india zapoteca hermosa y controvertida, que seducía a los hombres con su belleza pero sobre todo con su inteligencia; y él último un músico lírico que tiene la firme convicción de que puede componer una canción que contenga la esencia del mar.
Cómo imaginar que en la plaza de Santo Domingo había aparecidos, cuando en aquellas tres noches de caminatas solitarias no pude beberme todas las calles, cómo imaginar hasta donde llegan las raíces del Tule, y no sé si sea por mi misticismo exacerbado por el chocolate en agua, pero solo ante la presencia mileraria del abueloárbol uno llega a pensar tal como decía Macedonio Alcalá (supuestamente respondiendo a Nietzsche): Dios nunca muere.
Mañana algunas citas, nomás como probadita. Buenas noches.

1 comentario:

Carlo Ponx dijo...

Ah... reviviste recuerdos. Oaxaca bella ciudad, tiene unos ojos de agua hermosos.

Y pues como esto se trata de libros, sólo comento que cerca del centro existe una librería soberbia; unos libros de poesía, bien artesanales, de los más bellos que he visto, ilustrados por grabados de Tamayo y Toledo por supuesto, además de un Pedro Páramo condimentado con fotografías de Rulfo. Ah Oaxaca, Oaxaca.