febrero 09, 2007

De por que Antonio Rubial es un escritor mas completo que Fernando del Paso apesar de tener solo nueve dedos

Hace algunos meses, Fernando del Paso dio una entrevista a La Jornada, en la cual, se puso a hablar de su obra mas conocida, Noticias del Imperio.

Esto no tendría mayor trascendencia ya que Del Paso rara vez abre la boca para otra cosa que no sea hablar sobre su mamotreto, sin embargo, se metió con mi gremio y eso si calienta.

''Creo que los novelistas tenemos muchos más trucos que los historiadores para narrar la historia con sabrosura e imaginación.'' [...] “'Creo que los novelistas tenemos muchos más trucos que los historiadores para narrar la historia con sabrosura e imaginación.'”

Siempre me ha parecido que los escritores de novela histórica (particularmente a Del Paso) como oportunistas, aquellos que a falta de inspiración recurren a la realidad para vender y forrarse, bajo el pretexto de contar “la historia no oficial” pero quitando y poniendo datos, hechos y acciones a su modo y manera, de tal manera que el resultado es un hibrido espantoso que al final no es una historia original ni una relación fiel pero apasionada de la época que se decide relatar.


Mis colegas y mis maestros, los Historiadores, por otro lado, adolecen justo de lo contrario, sobretodo los mas viejos. El “narrar” la historia todavía es visto como pecado mortal o al menos como muestra de poca ortodoxia, ya que la ENORME mayoría de libros de Historia (que solo los historiadores leen) a pesar de los datos valiosísimos que puedan aportar, solo son eso. Datos, una estatua muy bella, pero sin sangre en sus venas.

Es por esto que, cuando a principios del semestre pasado, cuando finalizaba la clase de “cultura en la Edad Media” el Doctor Antonio Rubial hizo una pausa para informar a la respetable (y apretujada) audiencia que ya estaba a la venta su nueva novela. “El Caballero de los Milagros”

Si bien me gustaría hablarles acerca de la historia de las Hermanas Romero, quienes tenían “raptos” en los cuales se comunicaban con Dios, veían ángeles guardianes y vomitaban pedazos de la cruz verdadera, mejor les recomiendo que lean el libro que es chiquito y baratito. La verdadera razón de esta reseña es dejar que mi maestro les cuente como se hace una buena novela histórica. (las negritas son mías y no hablo de mis bolas, sino de las letras)

Intentar una narración novelada con un caso de archivo “una historia verdadera” me daba la posibilidad de salir del tedio en el que me encuentro. Este tipo de escritura se presta además para contar experiencias mas personal es y podía hacer hablar a los hombres y mujeres del pasado con mayor libertad. Esta historia tendrá rigor en el manejo de las fuentes, fidelidad al documento y exactitud en la interpretación, como lo exigen los profesionales de la historia, pero podía también tener las ventajas de la literatura, aunque con hechos realmente acaecidos, con sucesos vividos por seres humanos, y no por ficciones.

Ningún historiador me echará en cara que mi texto no cumple con las mínimas condiciones de verosimilitud, pues me estoy basando en testimonios de primera mano, de ahí mi apego al documento, esa obsesión por incluir los mas nimios detalles se encuentran en ellos.

Tener el placer de dejar hablar a los textos, de consentir que nos muestren los pensamientos y los sentimientos de quienes lo hicieron. Permitir que haga eclosión la polifonía de las múltiples voces del pasado sin acallarlas ni manipularlas para que digan lo que queremos. Dejar que los testigos hablen detrás de sus testimonios plasmados en las actas del aparato represivo, narrar los hechos intrascendentes, aquellos que no dejaron huella pero que construyeron día a día las vidas humanas del pasado.

Las corrientes contemporáneas de la Historia, que niegan la teleología del acontecer humano, es decir, la idea de una evolución dirigida hacia un fin y la existencia de un sentido metahistórico, han insistido en el carácter narrativo del discurso histórico; si la historia es una acumulación de acontecimientos inconexos y arbitrarios el único sentido que puede tener es el que le atribuimos los escritores; el devenir es una materia que solo existe a partir de la capacidad narrativa de quien la construye.

El reto consiste en utilizar en una historia recursos narrativos tomados de la literatura: construir sueños, forjar metáforas, imaginar diálogos y monólogos, describir emociones. Narrar literariamente es entender el proceso histórico a partir del individuo que lo vive, lo siente y lo sufre, en una recuperación de la dimensión humana de la historia. Es lamentable que la mayor parte de los profesionales de la Historia no utilicen estos recursos. [...]

Mi inquietud, sin embargo va mas allá que el describir una época de manera verosímil. Para mi, la historia y la literatura poseen una finalidad común: iluminar el mundo que habitamos; hacer posible que el ser humano se conozca a si mismo en su rica diversidad y en su maravillosa complejidad para que pueda convivir con sus semejantes y desarrollar todas sus potencialidad. Ir al pasado enriquece la conciencia del presente.



RUBIAL Antonio. El caballero de los Milagros, la inquisición en México desde el siglo XXI. México: Plaza y Janés 2005. p 23-24

4 comentarios:

Espantapájaros dijo...

Precisamente estoy haciendo un trabajo para "Redacción" acerca de Novela Histórica e Historia Novelada. Voy comenzando mis estudios de Historia en la ENAH. Y sí, Rubial tiene un magia en sus 9 dedos y medio (porque tiene la mitad del otro) la cual sobrepasa de sobremanera a Fernando del Paso.

David Galicia dijo...

Dejando a un lado la inmensa calidad de Antonio Rubial como historiador y también como escritor, me parece fundamentalmente pobre tu visión de la literatura: sí, por regla general un escritor cuenta más entretenidamente una historia, sea ésta Historia o simplemente ficción, que un historiador, ello se debe a que el historiados es un analizador y digeridor de datos (y nada de lo que digo es peyorativo, todo lo contrario) cuya labor consiste en conocer y dar a conocer mejor un periodo histórico, sea el que este fuere, con criterios en lo posible objetivos y validos. El cuarto párrafo es el que sin dura me lleva plantear esta inquietud, puesto que revela un desconocimiento básico del hecho literario: la novela histórica no tiene por qué ser plenamente objetiva, para eso hay otros libros, como los muchos de Rubial, por ejemplo, sino que en su calidad de literatura deben aspirar a otra cosa, por supuesto sin incurrir en errores evidentes y desproporcionados, el novelista histórico debe conocer bien la época de la que está escribiendo, pero siempre en plena consciencia de que lo que hace es literatura, no Historia, puesto que, como escribió Aristóteles: "la poesía es mucho más filosófica que la Historia, pues ésta habla de las cosas que son, en cambio la otra de las que pueden ser". Creo que una diferencia más clara entre Historia y Literatura no puede haber.

David Galicia dijo...

Corrijo mi cita aristotélica realizada de memoria: "no es tarea del poeta el decir lo que ha sucedido, sino aquello que podría suceder, esto es, lo posible según la probabilidad o la necesidad. Pues el historiados y el poeta no difieren porque el uno utilice la prosa y el otro el verso (se podría trasladar al verso la obra de Heródoto, y no sería menos historia en verso que sin verso), sino que la diferencia reside en que el uno dice lo que ha acontecido, el otro lo que podría acontecer. Por esto la poesía es más filosófica y mejor que la historia, pues la poesía dice más lo universal, mientras que la historia es sobre lo particular". (Poética, 9, 1451a36-1451b8) Más claro ni el agua.

Benjamín Díaz Salazar dijo...
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