Mostrando las entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

noviembre 10, 2010

Soy vertical

Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con las raíces en la tierra
absorbiendo minerales y amor maternal
para que cada marzo florezcan las hojas,
ni soy la belleza del jardín
de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración
ignorando que pronto perderá sus pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,
y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra.

Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores han derramado sus olores frescos.
Camino entre ellos, pero no se dan cuenta.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
me debo de parecer a ellos a la perfección-
oscurecidos ya los pensamientos.
Para mí es más natural estar tendida.
Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
y así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí.

Sylvia Plath, Soy vertical pero preferiría ser horizontal, Mondadori, 1999.

septiembre 28, 2010

Mar de Fondo XX

Sentado al borde de la cama, es decir, al borde del abismo, miro el suelo distante que me espera.
Lo toco con la punta del pie como se toca el agua de un estanque: lo siento helado y ríspido, frágil y plagado de nudos, como la mano al sol de un viejo artrítico.
Doy mis primeros pasos sobre la cuerda floja de la convalecencia. Camino hacia la luna del ropero, miro mi palidez de azogue, mi cabello revuelto y largo, las cuencas inhabitadas de los ojos.
Se tienden hacia mí apoyos que desprecio. Huele a flor de naranjo el espesor del día.
El arroyo ha dejado de ser un rumor, un fétido carcelero, la amenaza del fin del mundo.
El cielo, de un milagroso azul doliente, se recorta detrás de los tejados y de la copa del tamarindo.
Una alondra me dice que estamos en primavera.
La calle es un largo delirio hacia el futuro.
La casa, una pompa de jabón frente a una espina.

Francisco Hernández. Poesía Reunida, UNAM, 1996.

septiembre 24, 2010

Mar de Fondo XIX

La cama se desliza por un mar sin sueño.
Cierro los ojos como antes apreté los remos, pienso en la muerte como antes soñé con el Nautilus, con el pez que se traga el anzuelo creyendo que es una hembra de plata.
La cama gira y está apunto de volcarse: el viento la fustiga con ráfagas de espuma.
Una ola, la misma de siempre, lame los bordes de la almohada.
En el mosquitero se retuerce una vaca marina.
El agua me bebe por completo.
A mi garganta y en mis piernas se adhieren los yerbajos del fondo.
Es imposible nadar hacia la orilla donde tal vez despierte.
Trato de gritar y entra un borbollón de sangre a mis pulmones.
En espiral me ahogo, me hundo más allá del último pensamiento.
Mañana mi cuerpo reventará en la superficie.
Y los pescadores erigirán un monumento al sueño que no se puede recordar.

Francisco Hernández, Poesía Reunida, UNAM, 1996.

septiembre 23, 2010

Mar de Fondo XVIII

A partir de septiembre el río no ha hecho más que crecer. Se lleva lo que a su paso encuentra: casas, puentes, arrumbadas berlinas y muros de contención. La cola del huracán, envueltan en lluvia, llena mi espacio de pájaros sin nido que irrumpen como malas noticias.

Mi madre se angustia serenamente. Dice que si yo no estuviera enfermo podría salir y colocar en el corredor, sobre el butaquito de cuero de venado, la imagen de Santo Domingo Sabio. Así quedaríamos a salvo de inundaciones y otros males del agua.

Ayer el río mató a una niña. Le clavó sus colmillos de lodo en el cuello, se metió entre sus piernas hasta salirle por las orejas y la puso a flotar en parihuela de nieve negra.

Ell ruido de la creciente despide un hedor extraño que se adhiere a las cosas. Un olor con dientes que vence las alfarjías, se acomoda en páginas impares, se sienta frente a mí con las piernas cruzadas, mira su corazón en el espejo.

Debajo de la almohada guardo una pelota de beisbol y una aguja capotera.

Cuando los temblores arrecian, me froto la pelota vigorosamente para que recoja ese maldito sudor que corre por mi cuerpo como río crecido.

La aguja me la clavo en la lengua hasta perder el conocimiento.

Francisco Hernández. Poesía Reunida, UNAM 1996.

septiembre 21, 2010

Mar de Fondo XVII

- Te paras frente al mar como ante un espejo.
Antes del mar, tu rostro era la forma de tus manos, el hueco que encontrabas en la almohada, óvalo en desamparo tras la luna.
Viste correr, a través de mosquiteros y cortinas, a una mujer con la nariz quebrada y el vientre sin caricias.
Ya desde entonces dormir era la tierra prometida, el lejano rincón de los encantamientos, la pequeña metáfora olvidada.
¿Recuerdas los maitines de la iglesia en llamas?
¿Y la voz que en la otra habitación temblaba en nombre de Jack London?
Olvidar es nacer. Y tú ibas al fondo de la casa con la misma actitud de las inundaciones.
El todo amenazaba sepultarte. El lodo, el hediondo lodo.
Tal vez por eso te escondías en la tortuosa caracola, quizá por eso caminabas alrededor de la cama hasta que el viento del amanecer te recordaba.
Del arroyo salían gnomos impronunciables hechos a semejanza de tus máscaras.
Con párpados de cerdo te cubría la creciente.
Los libros flotaban a la deriva junto a los muebles, los retratos y el miedo.

Francisco Hernández. Poesía reunida, UNAM 1996.

septiembre 20, 2010

Para que sepan de quién les hablo

Video de la entrevista a propósito del su libro Población de la Máscara, que ya les estaré transcribiendo pronto:

Él es Francisco Hernández, el visionario. Clic aquí

septiembre 14, 2010

Mar de Fondo XVI

XVI

-Mi vocación- dijo la voz que flotaba en el cuarto como globo sin hilo- es acariciar a quienes desconocen la luz.
Por eso mis sentidos abren sus puertas cuando desova el ansia y nada significa que el feto adquiera forma de almendra mordida por murciélagos.

Prefiero, para llevar a cabo mis exploraciones, vientres de campesinas, ya que los encuentro similares a porrones de barro; no desprecio barrigas de mangosta o cebra y confieso mi debilidad por tocar a doncellas que achacan la desmesura de su panza a sextiles de luna.

Sobar la curva de una loca preñada supone darle color al pensamiento. Acercar la nariz a embarazo de albina trae consigo el furor de la concupiscencia, amén de ciertos dones adivinatorios.

Y si entonas un lied segundos antes del instante del parto, con los labios pegados al abdomen de la hembra, tus noches no sabrán a abandono y amarás a una mujer pura como el veneno de la migala.

Cuando la voz se hubo extinguido me incorporé sobresaltado y pensé en los avisos múltiples del sueño.
En la habitación contigua la redonda respiración de mis padres se escuchaba.
La soledad del alba parecía un templo destruido por un terremoto.

Francisco Hernández, Poesía Reunida, UNAM 1996.

septiembre 13, 2010

Mar de Fondo IV

Padre, te veo junto al hombre que caza jaguares en las riberas del Yugualtajapan, el que ausculta mi lengua o mis pulmones, y desde lo más hondo de la fiebre te pregunto cómo es el mar.

Posas tu mano sobre mi frente y desde lo más frío de la mirada me dices que el mar es infinito como la suavidad que descansa en el cuello de la paloma, como el recuerdo de una mujer a quien la muerte sorprendió dormida, como el amor sereno de las piedras, como el insomnio que reverdece la almohada del asesino, como el desasosiego de los castos y la refinada violencia del olvido, como la voz que resuena en los acantilados sin fondo de las células, como...

Francisco Hernández, Poesía Reunida, UNAM, 1996.

septiembre 12, 2010

Mar de Fondo XI

XI
A UNA mujer que va de viaje al mar es inútil llenarla de palabras.
El mar le chupa los vertederos de la sinovia, le abrillanta la voz, dibuja su abdomen en la arena, le corta la respiración con sus alfanjes herrumbrados.
A una mujer que va de viaje al mar no le hablen de la tierra firme ni de los muelles del estado de gracia. No le instrumenten fados ni le esculpan mascarones de proa. Porque a una mujer que va de viaje al mar, llámese Paura o Escafandra, se le ahogan los sueños.

Francisco Hernández. Antojo de Trampa. Antología personal. FCE 1999.

septiembre 11, 2010

Mar de Fondo VII

VII

A MEDIANOCHE, cuando el viento sopla a ciento veinte nudos, subo a mi puesto de vigía y te descubro: estás en el centro del jardín, junto a una fuente en ruinas donde tu sombra dispersa a las hormigas.
Tienes la edad en flor de los suicidas, el triste oficio de la canción de cuna y un sombrero azul que entre tus manos transparentes parece un caracol guardado por dos lágrimas.
Sobre tu hombro izquierdo danzan unicornios. Sobre tu hombro derecho flota la mariposa que buscan los sonámbulos.
En tus labios no ha nacido mi nombre, el dolor no existe y en las ruinas de la fuente pierde su canto un pájaro sin alas.

Francisco Hernández, Antojo de trampa. Segunda Antología Personal, FCE, 1999.

septiembre 10, 2010

Mar de Fondo III

III

Me guío por el sonido que rodea a la primera estrella.
El sudor que me cubre se congela. Mis ojos han caído en pozo de blanca oscuridad.
A barlovento, las focas gritan como niñas recién violadas.
A sotavento, una voz irreconocible me cuenta la historia de Jasón y los argonautas.
Sed y Luna me clavan sus hileras de dientes.
Quien no ha sentido estas fauces devorando el cerebro, ignora que en el infierno graznan aves del paraíso.
Estoy sobre un colchón de lodo y excremento.
El vellocino de oro esconde la sangrante cabeza de Paura.
Circe transforma mi pene en aurora boreal.
Cantan las sirenas y se suspende el juego de pelota.
Mis manos están llenas de senos.
La cama es un esquife que flota sin gobierno, un féretro que chocará en segundos contra el iceberg.

Francisco Hernández. Poesía Reunida.

septiembre 09, 2010

Mar de Fondo II

II

Cierro los ojos. Me arrastra el sopor hacia los territorios de la fiebre y, mecánicamente, limpio mis dedos pegajosos del semen en la trama del mosquitero.
Oigo a lo lejos el mundo de mi madre, su andar entre las brasas, su diálogo con el rencor que le acompaña: hablan de mi padre, de la mujer que tiene, de su risa,
que suena como tromba de flores pisoteadas.
Con el silencio fijo y el vacío pienso en los tigres de Mompracem, en las redondeces de Paura, en el jonrón con tres hombres en base.
Afuera está la herida, pero no quiero salir a su encuentro: debo continuar enfermo siempre, sin tener que bajar a la tierra, sin enfrentarme a nada ni a nadie, ni siquiera a las piernas de paura, ni a un campo de beisbol, ni a la luna llena del espejo.
Voy, apunto en el cuaderno de la bitácora, empieza el fasto de los grandes viajes.
Y el ave Roc emerge a los pies de mi lecho.

Francisco Hernández, Poesía Reunida.

septiembre 07, 2010

Mar de Fondo *

I
Despúes de la tormenta la tarde queda en calma,
redondeada por la quietud de mayo.
Las nubes, hace un momento negras y revoltosas, ahora
se muestran claras y estáticas, fundidas casi al puerco
azul del cielo.
Se oye el zumbido de quienes tratan de escapar por el
anillo periférico.
Suenan también, lejanas, risas de niños que han salido
a jugar a la calle, ahora cubierta por charcos, hojas
y flores de jacaranda.
Los arbustos de enfrente dan fe del ventarrón
que merodea.
Pasan como rayas los gorriones. De un lado a otro
desparraman su celo y en esta soledad cuesta trabajo
imaginar el océano.
Ya no es de día ni de noche.
San Pedro de los Pinos respira con la ansiedad de un
ciego que de pronto recordara los colores de Turner.
Las campanadas encienden las ventanas.
La oscuridad desencadena sus ladridos.
Me invade, como una enfermedad de infancia, la paz
inmerecida del orgasmo.

*Intentaré, en la medida de lo posible, transcribir diariamente una a una las partes de Mar de Fondo, de Franciso Hernández, contenidas en la antología: Poesía Reunida (1974-1994), UNAM, 1996.

junio 03, 2010

poeta

"...un poeta lo es durante un pedazo tan minúsculo de su vida...; el resto del tiempo es un ser humano, una de cuyas responsabilidades es conocer y sentir todo lo que se pueda, lo se que está moviendo,dentro de él y a su alrededor, de modo que su poesía, cuando llegue a escribirla, sea un intento de expresión de lo que es la cima de la experiencia de un hombre en esta tierra..."

Dylan Thomas

marzo 23, 2010

Contra los Amantes

Se creen, para empezar, la encarnación
De algún poema de Sabines -ya sabemos
Que algunos poemas de Sabines se creen, en efecto,
Poemas de Sabines- y tanto a Sabiens como a ellos
La poesía se les vuelve imprescindible.
En la sala, frente al trago propiciatorio,
Junto a la hormigueante certeza de que en breve
Los espera el ascenso -o el pase horizontal-
A la recámara, los amantes se bajan del sillón
Y zanjan la mesita de por medio; doblan el libro
Como quien tiene un cómic en las manos
Y dicen oye esto (y añaden en voz alta
Los más bravos, y los mas reservados,
En silencio): como si yo lo hubiera escrito
Para ti.
Se orientan al oído del amante
Y buscan en la lámpara
Los quince o veinte centímetros de luz,
Y en la medida exacta se inclinan sobre el libro
-El rojo o el azul: quién no lo tiene
En cualquiera de sus formas- y se dicen esas cosas
Bochornosas, se postulan amorosos
Irredentos, los que a veces
Encuentran alacranes en la colcha
O fuego en la pijama, y otras cosas
No menos bochornosas.
Y no contentos ambos,
Musitan con el disco su bolero no aprendido
Como puente musical hacia el poema previo
Sobre los dos que se penetran -o algo así: quién no lo sabe,
Aunque nadie lo sepa como ellos-
Y creen que lo saben todo, y ante todo
Se saben creyentes de la poesía:
Como sirve la poesía para expresarse, y otras cosas
Igualmente bochornosas.
Luego se abrazan y hacen otras cosas
Que otra gente hace sin mayores aspavientos
Pero aquí estamos en albores
O en mediodías de amores
Y cada cosa que se haga
Tiene una magia privada
Y especial, como en algunos
Poemas de Sabines. En ellos buscan
su tema de bolero, o su mariachi,
Y en cada bolero buscan un poema
Que les ratifica que lo saben todo
Y los devuelve al libro de Sabines
Que a su vez los devuelve a la espiral
Que sube desde el disco de boleros
-Y no hay un fin.
Por eso, Amor, en las siguientes
incrusiones por los reinos de las salas
Como inminencias eróticas, dejemos
Ala poesía bien amarrada al escritorio
Y a los discos bien metidos en sus cajas
Para que nada estorbe las labores
De todos los amateurs de la recámara.

Luis Miguel Aguilar, El minuto difícil Poemas Reunidos 1979-2007, UNAM, 2009

enero 31, 2009

Gris

Hoy. Palabra que me deja sin aliento.
Palabra que no puedo pronunciar sin que me llegue a la mente una vaga idea de tristeza.
Se supone que mi vida esta muy bien. ¿Cuál es la razón de la tristeza? ¿Por qué esa cara cuadrada?
Ahhh, la puta soledad.
Sal. Adelántate. No esperes por mí. Esto es cosa de todos los días.
Cuando la luna esté bien alta te alcanzaré.
Yo lo que quiero es que te diviertas, si tú lo haces yo también.
Los días grises son mis favoritos. Esa sensación de masoquismo.

Dolor. Cursi sentimiento que me embarga.
Después de la hora de la cena te espero en el balcón.
Que no te vea la abuela, ella siempre se preocupa por los dos.
A escondidas es mejor. Sombras. Viento. La luz enfermiza de la luna.
El misterio detrás de ese rostro bello. La locura detrás de esa sonrisa.
Las miradas detrás de esa ventana. Las manos justo en el lugar correcto.
La frágil frescura de la noche.

Sonrisa. Caricia que me alegra el día. ¿Por qué se quedó en mi mente si nunca la conocí?
Las ideas se fueron. Las hojas cayeron. Los cuerpos envejecieron.
Pero ella se quedó ahí. Tan fresca. Tan única. Tan mía.
Tan cerca que mi cuerpo quedó frío.
Tan frío que lo puedo transmitir.
Muy obvio el argumento de la vida.
Tan obvio que jamás lo descubrí.

Los días se hicieron largos y tranquilos.
Los ojos se cansaron de observar. La duda permaneció en su lugar.
La hora de la cena terminó. ¿Segura que vas a estar ahí?

enero 11, 2009

Buenos Aires

Me hicieron profeta de tu luz
Todas las tristezas de la vida
Furibundas canciones que la luna derramó sobre los techos
Me fueron edificando los placeres del martirio
Que adelgazarán los pasos del miedo
Hasta perderlo

Me fundó una canción
Para que caminara eternamente
Las islas azules de todas tus esquinas
(Esquinas que una mañana se inventó el pampero
Para tener un lugar dónde pararse)


Jorge García de Lucas

abril 17, 2008

ocho son uno más siete.

TRÍPTICO NEGRO

I

El miedo levanta casas,
límites sobre la claridad
que barre el horizonte.

Desde la cima se asoma al mundo
inventando las jsutas distancias:

Del papel a la tinta,
de la puerta a las ventanas.

Entre cenizas escribe su evangelio.

II

Por la tarde los montes
de lomo encendido y amplio
son contemplados en silencio.

Entre el follaje azul y naranja
del cielo se pueden vislumbrar:

Las ruinas de la luz
sobre un mar estrellado.

Del fuego recibe su paz el mundo.

III

Tratando de olvidar
el cuarto en que vive,
a voces llama a los demás.

Afuera le responde sordamente
la cruz de las ventanas cerradas:

En la calle un coche negro
se perla con el frío.

Los árboles parpadean en la noche.


Alberto Blanco/El corazón del Instante/FCE

Ahora sí, feliz cumpleaños!!!!!

noviembre 29, 2007

Norberto de la Torre

Dos cuentos de Norberto de la Torre. Poeta, escritor y profesor en mi universidad.

Escarabajos

Todos conocen mi propensión al estudio de los animales extraños, es por eso que nadie se sorprende si me ven hurgando en los jardines y los parques, o encaramado en algún muro para seguir el camino pertinaz de las hormigas. Fue así, curioseando, que di con una especie de coleóptero, un escarabajo, que tiene la facultad de mimetizarse, adquiere la textura y el color del entorno, así oculta su presencia para lograr dos cosas: por un lado evita ser descubierto y destruido por sus enemigos naturales; por el otro aguarda el descuido irremediable y fatal de su presa. Las alas que oculta su caparazón le resultan inútiles porque nunca vuela, sólo se arrastra. Habita casi con exclusividad en los rincones más oscuros de los edificios públicos, aunque puedes encontrarlos, a veces, en otros lugares, también públicos, pero siempre atraídos por el aroma del poder que los seduce. Miden de cinco a diez centímetros, según su edad y su sexo. Son de un color metálico, azuloso y atrayente. Aparentan ser amables y gustan de asolearse en grupos, salen de sus guaridas sombrías y se reúnen para tomar la luz mientras frotan sus élitros para producir una especie de música que, por momentos, puede resultar agradable y adormecedora. Tienen, sin embargo, una característica repulsiva: son predadores y su objetivo son los otros individuos de su misma especie. Con el afán de saber un poco más del insecto recolecté algunos y los llevé a mi casa para examinarlos con cuidado. Al llegar los saqué de la caja en la que los había depositado y grande fue mi sorpresa al no encontrar más que puros cadáveres. Los bichos se comieron y mutilaron uno al otro, transformaron el depósito en un campo de batalla y en el fondo sólo quedaron cuerpos desgarrados. Fue tal el asco que sentí que, por lo menos durante algún tiempo, abandoné todo interés por los animales y ocupé mi tiempo en redactar parábolas.


Alas

La ciudad se cubrió con alas. Todas las personas estaban intrigadas. Los niños las recogían y confeccionaban con ellas una especie de colchones en los que jugaban complacidos. Primero pensamos que se trataba de alas de mariposas, devoradas por los pájaros, pero los entomólogos pronto refutaron nuestra suposición. Era tal cantidad de alas, tan rara su textura y su color, tan grande la variedad de tamaños, que no podía explicarse su presencia con base en los insectos conocidos. Algunos fenómenos extraños acompañaron la proliferación de alas: aumentaron la violencia y los suicidios; las iglesias y los campanarios se llenaron de grietas; algunos niños asesinaron a sus padres que dormían; de vez en cuando se oían desgarradores gritos; se incendiaron los parques y mercados; las noches se tornaron más oscuras. Todos abandonaron sus hogares, la ciudad se vació. Terminé vagando solo por una ciudad que se volvió ruinas. Las alas me dificultaron los pasos. Dediqué todo mi tiempo y los cada vez más escasos períodos de luz a investigar el fenómeno de las alas. Después de muchas lecturas, pesquisas y meditaciones, llegué a la única respuesta posible: por alguna razón, que no vislumbro, se murieron los ángeles.

noviembre 16, 2006

Cambios de piel

Cada día
cambio de rostro y tiro el anterior que apenas
tiene un día de uso
Pero los nuevos rostros son cada vez más viejos
Escasamente resisten la jornada
Temo
a veces
que vayan a romperse antes de que anochezca