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noviembre 29, 2007

Norberto de la Torre

Dos cuentos de Norberto de la Torre. Poeta, escritor y profesor en mi universidad.

Escarabajos

Todos conocen mi propensión al estudio de los animales extraños, es por eso que nadie se sorprende si me ven hurgando en los jardines y los parques, o encaramado en algún muro para seguir el camino pertinaz de las hormigas. Fue así, curioseando, que di con una especie de coleóptero, un escarabajo, que tiene la facultad de mimetizarse, adquiere la textura y el color del entorno, así oculta su presencia para lograr dos cosas: por un lado evita ser descubierto y destruido por sus enemigos naturales; por el otro aguarda el descuido irremediable y fatal de su presa. Las alas que oculta su caparazón le resultan inútiles porque nunca vuela, sólo se arrastra. Habita casi con exclusividad en los rincones más oscuros de los edificios públicos, aunque puedes encontrarlos, a veces, en otros lugares, también públicos, pero siempre atraídos por el aroma del poder que los seduce. Miden de cinco a diez centímetros, según su edad y su sexo. Son de un color metálico, azuloso y atrayente. Aparentan ser amables y gustan de asolearse en grupos, salen de sus guaridas sombrías y se reúnen para tomar la luz mientras frotan sus élitros para producir una especie de música que, por momentos, puede resultar agradable y adormecedora. Tienen, sin embargo, una característica repulsiva: son predadores y su objetivo son los otros individuos de su misma especie. Con el afán de saber un poco más del insecto recolecté algunos y los llevé a mi casa para examinarlos con cuidado. Al llegar los saqué de la caja en la que los había depositado y grande fue mi sorpresa al no encontrar más que puros cadáveres. Los bichos se comieron y mutilaron uno al otro, transformaron el depósito en un campo de batalla y en el fondo sólo quedaron cuerpos desgarrados. Fue tal el asco que sentí que, por lo menos durante algún tiempo, abandoné todo interés por los animales y ocupé mi tiempo en redactar parábolas.


Alas

La ciudad se cubrió con alas. Todas las personas estaban intrigadas. Los niños las recogían y confeccionaban con ellas una especie de colchones en los que jugaban complacidos. Primero pensamos que se trataba de alas de mariposas, devoradas por los pájaros, pero los entomólogos pronto refutaron nuestra suposición. Era tal cantidad de alas, tan rara su textura y su color, tan grande la variedad de tamaños, que no podía explicarse su presencia con base en los insectos conocidos. Algunos fenómenos extraños acompañaron la proliferación de alas: aumentaron la violencia y los suicidios; las iglesias y los campanarios se llenaron de grietas; algunos niños asesinaron a sus padres que dormían; de vez en cuando se oían desgarradores gritos; se incendiaron los parques y mercados; las noches se tornaron más oscuras. Todos abandonaron sus hogares, la ciudad se vació. Terminé vagando solo por una ciudad que se volvió ruinas. Las alas me dificultaron los pasos. Dediqué todo mi tiempo y los cada vez más escasos períodos de luz a investigar el fenómeno de las alas. Después de muchas lecturas, pesquisas y meditaciones, llegué a la única respuesta posible: por alguna razón, que no vislumbro, se murieron los ángeles.

abril 05, 2007

Sabiduría

Este es un cuento que escribí hace como 2 años para una calse de literatura, en mi opinión, con la mejor maestra de literatura que existe en este universo. Rosalba siempre impulsó a los estudiantes a escribir, y muchos de ellos descubrieron escritores ocultos, que creo que es una labor más que excelente hacer que emergan talentos escondidos.

La dinámica del cuento era así: Estábamos viendo la literatura prehispánica, así que debíamos ir al Museo de Antropología e Historia y empaparnos de las diferentes culturas. Afuera de cada sala hay unas frases de varios escritos de cada cultura. El chiste era de que con esas frases armáramos un cuento. Más bien, que en el cuento que creáramos, incluyeramos esas frases. No fue tan fácil, pero de que se puede, se puede.


Este cuento en lo particular me encantó, es uno de mis textos favoritos, más porque en un principio no sabía ni qué iba a decir, y como Gigi (el de Momo), empecé a contar sin saber dónde iba a terminar. Fluyó y fluyó y cuando desperté de ese trance me ví muy satisfecha con los resultados. Bueno ya, ahí les va:




Esta es la historia de un hombre al que le fue revelado el secreto de la existencia.

Un día vagaba un muchacho de 20 años por el campo buscando algo para comer, caminó mucho, mucho, y tan entretenido iba en su labor, que no se dió cuenta cuándo fue que perdió el camino de regreso a la aldea, se le hizo de noche, y él estaba solo en la selva, cuando de pronto, se le apareció un jaguar. La mirada del animal fue tan penetrante y prolongada que el joven no pensó un segundo siquiera en atacarlo. El jaguar, por su parte, después de mirarlo tan profundamente se volteó y empezó a caminar. El muchacho, sin saber por qué, comenzó a seguirlo entre la espesura de la jungla, sin pensar en nada, como en trance. Por fin llegaron a una cueva muy oculta entre árboles y ramas. El jaguar se metió, y el muchacho fue tras él. Entonces el jaguar le habló:" Te he traído aquí para contarte una historia, la historia que todos han estado buscando por mucho tiempo, la historia de cómo es que urgieron ustedes los hombres". El joven se quedó anonadado por lo que estaba viendo, y durante el relato se preguntó muchas veces si estaba soñando. El jaguar comenzó:

"Cuando aún era de noche, cuando aún no había luz, se reunían, se convocaron a los dioses alla en Teotihuacan". Eran trece dioses, ya existíamos nosotros los animales, pero todos se pusieron de acuerdo para que existiera una criatura capaz de sentir y de preguntarse las cosas con el corazón. Entonces predicaron: "¡Qué aclare! ¡Qué amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza hasta que exista la criatura humana, el hombre formado". Y poco a poco nosotros los animlaes fuimos testigos de cómo se fueron formando sus brazos, para cargar la leña y para construir sus viviendas, para cargar también con la responsabilidad que les iba a ser encomendada por su condición de hombres; sus piernas, para caminar por el campo buscando su sobrevivencia, pero también para andar por la vida siempre hacia adelante. Les dieron la cabeza, para que tuvieran el razonamiento suficiente para resolver los problemas que se les presentaran, pero también para pensar en los demás, respetar y ayudar a sus semejantes. Por último les dieron el corazón, lo más importante, para hacer funcionar todo su cuerpo, pero también para que sintieran la fuerza de la naturaleza en sus corazones, para que a través de él se pudieran comunicar con ellos, con los dioses".


Entonces aparecieron un hombre y una mujer. Los dioses les hablaron al corqazón para que no olvidaran aquellas palabras, les dijeron: "Ten cuidado con las cosas de la tierra. Haz algo, corta leña, labra la tierra, planta nopales, planta magueyes. Tendrás qué beber, qué comer, qué vestir. Con eso estarás en pie, serás verdadero, con eso andarás. Con eso se hablará de tí, se te alabará, con eso te darás a conocer".


"Así que ahora irás a tu pueblo y les contarás lo que te he dicho, palabra por palabra, y les dirás tu misión. Corre, que encontrarás el camino".El joven, aún sorprendido, le dijo al jaguar: "Muchas gracias por la sabiduría que me has transmitido, solo te ruego que nos guíes por el buen camino y no nos dejes cegar por nuestra inteligencia, no dejes que la razón destruya al instinto". Pero el jaguar no volvió a hablar, solo se le quedó viendo y se evaporó.El muchacho, ahora un anciano sabio, les cuenta la historia a todos su nietos diciéndoles: "Aquí tenochas aprenderéis cómo empezó la renombrada, la gran ciudad México-Tenochtitlan. En medio del agua, en el tular, en el cañaveral, donde vivimos, donde nacimos, nosotros los tenochas".

© Reservados todos los derechos. Si utilizas el texto, cita la fuente.

febrero 12, 2007

23 años 'sin' Julio (pero nunca sin él)

Tu más profunda piel

Pénétrz le secret doré
Tout n’est qu’une flamme rapide
Que fleurit la rose adorable
Et d’ou monte un parfum exquis

Apollinaire, Les collines



Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía —sábelo, allí donde estés— es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hace de tu rostro una máscara de joven faraón rubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosa geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido, de embajadas con cesto de frutas o agazapados flecheros, y cada poza, cada río, cada colina y cada llano los ganamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste: “Me da pena”, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caídas desde lo alto o lo hondo, jinete o potro, arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste: “Me da pena, sabés”, y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar mi último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo cómo poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se negaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que mi boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronces que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne que oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

enero 11, 2007

Bendita infancia

Mil disculpas por mi larga auscencia, hay tantas cosas en mi cabeza y al mismo tiempo tan pocas que no me he dado ánimos de escirbir una buena reseña de un libro.

Hace un rato Lu escribió en su blog un cuento de su sobrino, muy original por cierto, y recordé de que yo tengo un libro con puros cuentos escritos por niños. La cosa está así: Hace algunos años, en el 2002, el Grupo Editorial Sur se dió a la tarea de fomentar la creatividad de los niños, el hábito de lectura y la reflexión del significado de lo que leen. Para esto se hizo un concurso de cuentos a nivel primaria, obvio con un premio a los mejores, pero eso no es lo valioso, sino que todos los cuentos que se enviaran serían publicados por esta editorial y regalados a los niños participantes. Como el concurso fue a nivel DF, los cuentos se dividieron por colegios y por zonas. Aquí les presento una selección por grados de en mi muy humilde opinión los cuentos más creativos o más tiernos de la zona IV de colegios de Xochimilco, en los grados de 1° a 3°. Cabe mencionar que estos cuentos son transcritos exactamente como los originales, todos son producto de la creatividad de los niños, ninguno es copiado, y no recibieron ayuda alguna de ningún adulto que pudiera restarle sentido al cuento, por lo cual algunos no tienen mucha coherencia:



LA NAVE DEL ESPACIO
Había una vez una nave que fue al espacio y un meteorito va directo a la Tierra y se estrelló y el meteorito voló en mil pedazos y los restos cayeron en el estanque, los restos y la nave quedó achicharrada y cuando llegó y los señores quedaron muertos y mandó al espacio la nave 601 fue a Marte y cuando llegó a Marte, se les acabó la gasolina y los marcianitos les ayudaron a llegar y cuando llegaron a la Tierra 195 saludaron, la nave cuando reaccionó y los señores lo hicieron de nuevo y otra vez los mandaron al espacio y cuando llegaron a Marte, fueron a ver cómo es y los marcianos los atacaron porque fue por ayuda y se les acabó el poder y les quitaron la nave y vivieron felices para siempre.
Gildardo Salvador Sánchez

EL TIBURÓN Y LA TORTUGUITA
Había una vez una tortuga y un gatito, fueron a buscar comida pero su mamá. Fin.

(...)
EL BURRITO NECIO
Había una vez un burro que llamaba la atención por sus larguísimas orejas, que asustaban a los otros burritos. Cuando fue grande quería que su rebuzno fuese el último y el más fuerte. Una vez frente a la escalera, oyó decir, a un burro que era muy peligroso subir, por ella pero enseguida subió ante el asombro de toda la burrada y cuando estuvo en el último escalón se volvió y rebuznó diciendo -¿Ven ustedes que cuando yo digo que lo haré lo hago y no es cosa de reírse? Y desde abajo le contestaron. -¿Te quedarás ahí toda la vida?, bajo ahora mismo, pero solo alcanzó a decirlo y del porrazo anduvo muchos días descalabrado y con la nariz rota e inflada como si fuera globo.
Erica Yazmín Romero Córdova


EL HOTEL DE LOS JITOMATES
Un día un jitomate hizo un hotel en la playa con elevador, alberca, escaleras y 130 cuartos y baños y muchos jitomates vivieron felices. En el hotel había muchos coches, en la entrada del hotel en la mañana estaban nadando en la playa y las albercas y un jitomate se puso traje de buzo para ver el fondo del mar y vió almejas, delfines, etc. Encontró un tiburón blanco peligroso pero salió, lo sacaron por poco y se lo comen. Fin.
Erick Uriel Muñóz Montes de Oca


LOS PERROS CALLEJEROS
Había una vez cinco perros y encontraron cinco perros más, entonces se hicieron amigos un perro dijo -Ahí vienen, dijo el perro. Venía un Rotwailer, el jefe de los perros. Le dijo un perro -Ya hay nuevos perros, dijo el jefe -¿Cuántos son? dijo un perro -Son cinco más, dijo el jefe de los perros -Etán contratados, dijo el jefe de los perros. -Están contratados, dijo el jefe de los perros. Dijo un perro. Ahí vienen. Corrieron a su escondido y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Alexis Mario Reynoso.

EL ÁRBOL PRESUMIDO
Había una vez un árbol muy bonito que tenía flores de color rosa pero el árbol era muy presumido y se burlaba de un árbol que no tenía ni una flor. El pobre árbol ya se había cansado de que el otro árbol se burlara de él y un día el árbol presumido le dijo al otro árbol que lo iban a cortar. El pobre árbol se asusutó tanto que se puso a llorar y al otro día el viento estaba muy fuerte, tan fuerte que voló las flores del árbol y quedó pelón como el otro árbol y quedó mnás feo que el otro árbol. Los señores decidieron cortarlo y a él si lo cortaron. Un día iban a hacer una fiesta y en vez de cortar el árbol lo adornaron y por fin ¡Qué bonito!
Sandra García Zúñiga



EL TELÉFONO PARLANTE
Era una vez un teléfono que le llamaba un niño llamado Yeire y el niño le decía al teléfono lo que le pasaba al niño y le daba dulces aunque no se los come, pero le da dulces de todas maneras y una vez el teléfono le habló al niño y el niño se puso feliz se pusieron a jugar y comieron leche y pan y mucha goma de mascar y hamburguesas con mucho refresco. Hicieron la tarea juntos, fuimos juntos a la escuela, nos dormimos juntos. Y al siguiente día fue muy feliz. El teléfono porque compramos un teléfono rosa y compramos una cosa más grande y también tuvieron hijitos y tuvieron sus teléfonos chiquitos y después ellos se hicieron hijitos y también se metieron a la alberca y se fueron a vivir a Nueva York y se compraron una limosina y una alberca y dos coches aparte de la limosina.
Aranzazu Domínguez Romero.

LA BOTELLA BORRACHA
Había una vez una botella que siempre iba a la cantina por una copa, su esposa siempre le decía la botella borracha y su hija la botella borrachita. Un día se acabaron las copas más de miles de meses, jamás llegaron. Pasaron como un millón de días, día tras día, iba a Alcohólicos Anónimos y se curaron, pero vieron ua camioneta de copas y se pusieron felices pero se dieron cuenta que estaban vacías, después de fue a su caja cuba, pues la tienda no tenía copas. Dijo:-Por fin entiendo.- ¡Oh no llegaron las copas! Fin.
Brania Maylett García Álvarez

EL CONEJO Y EL HÁMSTER
Había una vez un conejo y un hámster. Una mañana el conejo despertó y dijo -¡Ay, qué rico sueño me eché! Y fue a visitar al hámster y el hámster tenía una esposa llamada Lili y al conejo le gustaba mucho esa ratoncita porque estaba muy guapa. -¡Buenos días! -Buenos días vecino pájaro, ¿cómo le va? Y contestó -Muy bien y el hámster realizó una fiesta de bienvenida a la hermosa Perla, ella era un caballo y fueron todos y se divirtieron. Cuandohabía terminado la fiesta, todos se fueron a dormir y Perla estaba muy feliz y se durmieron todos muy contentos, hicieron actividades como el conejo a sembrar, el pájaro a comer, el hámster al servicio y el caballo a pasear y todos vivieron muy felices para siempre.
Daniela Leal Rodríguez (mi hermana)

enero 03, 2007

Los locos somos otro cosmos.

Otto colocó los shocks. Rodolfo mostró los ojos con horror: dos globos rojos, torvos, con poco fósforo como bolsos fofos; combó los hombros, sollozó: "No doctor, no... loco no..." Sor Socorro lo frotó con yodo: "Pon flojos los codos -rogó-, ponlos como yo. Nosotros no somos ogros." Sor Flor tomó los mohosos polos color corcho ocroso; con gozo comprobó los shocks con los focos: los tronó, brotó polvo con ozono. Rodolfo oró, lloró con dolor: "No doctor Otto, shocks no..." Sor Socorro con monótono rostro colocó los pomos: ocho con formol, dos con bromo, otros con cloro. Rodolfo los nombró doctos, colosos, con dolorosos tonos los honró. Como no los colmó, los provocó: "Son sólo orcos, zorros, lobos. ¡Monos roñosos!" Sor Flor, con frondoso dorso, lo tomó por los hombros; sor Socorro lo coronó como robot con hosco gorro con plomos. Rodolfo con fogoso horror dobló los codos, forzó todos los poros, chocó con los pomos, los volcó; soltó tosco trompón, sor Socorro rodó como tronco. "¡Pronto, doctor Otto! -convocó sor Flor-. ¡Pronto con cloroformo! ¡Yo lo cojo!..." Rodolfo, lloroso con mocos, los confrontó como toro bronco; tomó rojo pomo, gordo como porrón. Sor Flor sonó como gong, rodó como trompo, zozobró.

Otto, solo con Rodolfo, rogó como follón, rogó con dolo: "Rodolfo... don Rodolfo, yo lo conozco... como doctor no gozo con los shocks; son lo forzoso. Los propongo con hondo dolor... Yo lloro por todos los locos, con shocks los compongo...

-No, doctor. No -sopló ronco Rodolfo-. Los shocks no son modos. Los locos no somos pollos. Los shocks son como hornos; son potros con motor, sonoros como coros o como cornos... No, doctor Otto, los shocks no son forzosos, son sólo poco costosos, son lo cómodo, lo no moroso, lo pronto... Doctor, los locos sólo somos otro cosmos, con otros otoños, con otro sol. No somos lo morboso; sólo somos lo otro, lo no ortodoxo. Otro horóscopo nos tocó, otro polvo nos formó los ojos, como formó los olmos o los osos o los chopos o los hongos. Todos somos colonos, sólo colonos. Nosotros somos los locos, otros son loros, otros, topos o zoólogos o, como vosotros, ontólogos. Yo no los compongo con shocks, no los troncho, no los rompo, no los normo...

Rodolfo monologó con honroso modo: probó, comprobó, cómo los locos sólo son lo otro. Otto, sordo como todo ortodoxo, no lo oyó, lo tomó por tonto; trocó todos los pros, los borró; sólo lo soportó por follón: obró con dolo. Rodolfo no lo notó. Otto rondó los pomos, tomó dos con cloroformo, como molotovs los botó. Rodolfo con los ojos rotos mostró los rojos hombros; notó poco dolor, borrosos los contornos, gordos los codos; flotó. Con horroroso torzón rodó con hondo sopor. Rodolfo soñó. Soñó con rocs, con blondos gnomos, con pomposos tronos, con pozos con oro, con foros boscosos con olorosos lotos. Todo lo tocó: los olmos con cocos, los conos con oporto rojo, los bongós con tonos como Fox Trot.

Otto lo forró con tosco cordón, lo sofocó. Rodolfo sólo roncó. Sor Socorro tornó con poco color. Sor Flor con bochorno tomó ron: "Oh, doctor -lloró-, oh, oh, nos dobló con sonoro trompón." Otto contó cómo lo controló.

-Otto, pospón los shocks -rogó sor Socorro.

-No, no los pospongo. Loco o no, yo lo jodo. No soporto los rollos... Pronto, ponlo con gorro.
-¿Cómo, doctor -notó sor Flor-, ocho volts?

-No, no sólo ocho. ¡Todos los volts! Yo no sólo drogo, yo domo... Lo domo o lo corrompo como bonzo.

-¡Oh no, doctor Otto!, como bonzo no.

-¡Cómo no, sor Socorro! Nosotros no somos tórtolos o mocosos; somos los doctos... ¡Ojo, sor Socorro! No soporto los complots...

Otto con morbo soltó todos los volts, los prolongó con gozo. Sor Socorro con sonrojo sollozó. Sor Flor oró por Rodolfo. Rodolfo roló como mono, tronó como mosco. Otto lo nombró: "Don gorgojo", "loco roñoso", "golfo". Rodolfo zozobró con sonso momo. Otto cortó los shocks.