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junio 03, 2010

poeta

"...un poeta lo es durante un pedazo tan minúsculo de su vida...; el resto del tiempo es un ser humano, una de cuyas responsabilidades es conocer y sentir todo lo que se pueda, lo se que está moviendo,dentro de él y a su alrededor, de modo que su poesía, cuando llegue a escribirla, sea un intento de expresión de lo que es la cima de la experiencia de un hombre en esta tierra..."

Dylan Thomas

noviembre 06, 2008

Escribir según Clarice

Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba.

¿El proceso de escribir es difícil? Es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor.

No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen. Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible.

Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra.

Clarice Lispector

abril 05, 2007

Trópico de Cáncer.

"En un tiempo pensaba que ser humano era el objetivo más alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso al decir que soy inhumano, que no pertenezco a los hombres ni los gobiernos, que nada tengo que ver con credos ni principios. Nada tengo que ver con la crujiente maquinaria de la Humanidad: ¡pertenezco a la tierra! Digo esto con la cabeza reclinada en la almohada y siento los cuernos que me brotan de las sienes. Veo a mi alrededor a todos esos antepasados míos bailando en torno a la cama, incitándome, flagelándome con sus lenguas viperinas, sonriéndome y mirándome de reojo con sus siniestras calaveras. ¡Soy inhumano! Lo digo con una sonrisa demente, alucinada, y seguiré diciéndolo aunque lluevan cocodrilos. (...) Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres, los inhumanos, la raza de los artistas que, estimulados por impusos desconocidos, toman la masa inerte de la humanidad y, mediante la fiebre y el fermento que la imbuyen, convierten esa pasta húmeda en pan y el pan en vino y el vino en canción. Con el abono muerto y la escoria inerte producen una canción que se contagia. Veo esa raza de individuos saqueando el universo, dejando todo patas arriba, con los pies chapoteando, siempre en sangre y lágrimas, con las manos siempre vacías, siempre tratando de agarrar y asir el más allá, al dios inalcanzable: matando a todo lo que está a su alcanze para calmar al monstruo que les roe las entrañas. Lo veo cuando se arranca el cabello en su esfuerzo por comprender, por aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo veo cuando braman como bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no hay otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo, porque debe hacerlo! Y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagado, menos contagioso, no es arte. El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la auscencia de vida. (...) Hoy tengo conciencia de mi linaje. No necesito consultar mi horóscopo ni mi árbol genealóico. De lo que está escrito en las estrellas, o en mi sangre nada sé. Sé que desciendo de los fundadores mitológicos de la raza. El hombre que se lleva la botella sagrada a los labios, el criminal que se arrodilla en el mercado, el inocente que descubre que todos los cadáveres apestan un poco, el loco que baila con rayos en las manos, el fraile que se levanta las faldas para mearse en el mundo, el fanático que explora las bibliotecas para encontrar la Palabra: todos ellos están fundidos en mí, todos ellos provocan mi confusión, mi éxtasis. Si soy inhumano es porque mi mundo ha sobrepasado sus límites humanos, porque ser humano parece algo pobre, lastimoso, miserable, limitado por los sentidos, restringido por preceptos morales y códigos, definido por trivialidades e ismos. (...)
Puede que estemos condenados, que no haya esperanza para nosotros, para ninguno de nosotros, pero si es así, ¡lancemos un último alarido agónico, espeluznante, un chillido de desafío, un grito de guerra! ¡Al diablo las lamentaciones! ¡Al diablo las elegías y las endechas! ¡Al diablo las biografías y las historias, las bibliotecas y los museos! Que los muertos se coman a los muertos. Bailemos los vivos en el borde del cráter, bailemos la última danza agónica. Pero ¡una danza auténtica!"

Henry Miller.

enero 03, 2007

Los locos somos otro cosmos.

Otto colocó los shocks. Rodolfo mostró los ojos con horror: dos globos rojos, torvos, con poco fósforo como bolsos fofos; combó los hombros, sollozó: "No doctor, no... loco no..." Sor Socorro lo frotó con yodo: "Pon flojos los codos -rogó-, ponlos como yo. Nosotros no somos ogros." Sor Flor tomó los mohosos polos color corcho ocroso; con gozo comprobó los shocks con los focos: los tronó, brotó polvo con ozono. Rodolfo oró, lloró con dolor: "No doctor Otto, shocks no..." Sor Socorro con monótono rostro colocó los pomos: ocho con formol, dos con bromo, otros con cloro. Rodolfo los nombró doctos, colosos, con dolorosos tonos los honró. Como no los colmó, los provocó: "Son sólo orcos, zorros, lobos. ¡Monos roñosos!" Sor Flor, con frondoso dorso, lo tomó por los hombros; sor Socorro lo coronó como robot con hosco gorro con plomos. Rodolfo con fogoso horror dobló los codos, forzó todos los poros, chocó con los pomos, los volcó; soltó tosco trompón, sor Socorro rodó como tronco. "¡Pronto, doctor Otto! -convocó sor Flor-. ¡Pronto con cloroformo! ¡Yo lo cojo!..." Rodolfo, lloroso con mocos, los confrontó como toro bronco; tomó rojo pomo, gordo como porrón. Sor Flor sonó como gong, rodó como trompo, zozobró.

Otto, solo con Rodolfo, rogó como follón, rogó con dolo: "Rodolfo... don Rodolfo, yo lo conozco... como doctor no gozo con los shocks; son lo forzoso. Los propongo con hondo dolor... Yo lloro por todos los locos, con shocks los compongo...

-No, doctor. No -sopló ronco Rodolfo-. Los shocks no son modos. Los locos no somos pollos. Los shocks son como hornos; son potros con motor, sonoros como coros o como cornos... No, doctor Otto, los shocks no son forzosos, son sólo poco costosos, son lo cómodo, lo no moroso, lo pronto... Doctor, los locos sólo somos otro cosmos, con otros otoños, con otro sol. No somos lo morboso; sólo somos lo otro, lo no ortodoxo. Otro horóscopo nos tocó, otro polvo nos formó los ojos, como formó los olmos o los osos o los chopos o los hongos. Todos somos colonos, sólo colonos. Nosotros somos los locos, otros son loros, otros, topos o zoólogos o, como vosotros, ontólogos. Yo no los compongo con shocks, no los troncho, no los rompo, no los normo...

Rodolfo monologó con honroso modo: probó, comprobó, cómo los locos sólo son lo otro. Otto, sordo como todo ortodoxo, no lo oyó, lo tomó por tonto; trocó todos los pros, los borró; sólo lo soportó por follón: obró con dolo. Rodolfo no lo notó. Otto rondó los pomos, tomó dos con cloroformo, como molotovs los botó. Rodolfo con los ojos rotos mostró los rojos hombros; notó poco dolor, borrosos los contornos, gordos los codos; flotó. Con horroroso torzón rodó con hondo sopor. Rodolfo soñó. Soñó con rocs, con blondos gnomos, con pomposos tronos, con pozos con oro, con foros boscosos con olorosos lotos. Todo lo tocó: los olmos con cocos, los conos con oporto rojo, los bongós con tonos como Fox Trot.

Otto lo forró con tosco cordón, lo sofocó. Rodolfo sólo roncó. Sor Socorro tornó con poco color. Sor Flor con bochorno tomó ron: "Oh, doctor -lloró-, oh, oh, nos dobló con sonoro trompón." Otto contó cómo lo controló.

-Otto, pospón los shocks -rogó sor Socorro.

-No, no los pospongo. Loco o no, yo lo jodo. No soporto los rollos... Pronto, ponlo con gorro.
-¿Cómo, doctor -notó sor Flor-, ocho volts?

-No, no sólo ocho. ¡Todos los volts! Yo no sólo drogo, yo domo... Lo domo o lo corrompo como bonzo.

-¡Oh no, doctor Otto!, como bonzo no.

-¡Cómo no, sor Socorro! Nosotros no somos tórtolos o mocosos; somos los doctos... ¡Ojo, sor Socorro! No soporto los complots...

Otto con morbo soltó todos los volts, los prolongó con gozo. Sor Socorro con sonrojo sollozó. Sor Flor oró por Rodolfo. Rodolfo roló como mono, tronó como mosco. Otto lo nombró: "Don gorgojo", "loco roñoso", "golfo". Rodolfo zozobró con sonso momo. Otto cortó los shocks.

noviembre 27, 2006

Altazor.

Cada que leo Altazor encuentro algo, una frase o un estremecimiento nuevo, me encuentro a mí mismo distinto ante ese precipicio que se abre entre las páginas. Un deseo de volar disfrazado de acrofobia. Todo vértigo es para distraer nuestra atracción natural por el abismo. Altazor me abre los ojos ante una tierra también abierta, invitándome a saltar.


...He aquí la muerte que se acerca
Como la tierra al globo que cae...


Podría decir tantas cosas de este libro, decir que es todo un manifiesto de vida, que a mi ver es el punto clave de Vicente Huidobro, que la influencia de las vanguardias es notoria, principalmente por que en muchas ocasiones arremete contra ellas. Pero qué carajos!, realmente no me importa eso. Cuando uno lee Altazor no se piensa en esas cosas, las imágenes caen tan libres como el mismo personaje y de lleno en nosotros; al menos yo tengo que detenerme a tomar una cerveza, por que si no lo hago quién sabe lo que pasaría con tanto cielo ahí metido entre mis ojos.

...Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte...


No hay tiempo que perder, dice Altazor en alguna parte y yo pienso que esa es la verdadera poesía, la que te grita la belleza de frente y sin dudar, la que te mata y luego te invita a renacer. Creemos un nuevo mundo dentro de la poesía, que las palabras sean otra cosa más una abstracción de lo concreto. No más, la poesía abre puertas o las crea, da golpes contra un muro hasta abrir una grieta. ¡La poesía es un atentado celeste!


…Mujer el mundo está amueblado por tus ojos…
…Te advierto que estamos cocidos a la misma estrella…


Altazor, Altazor, hombre, halcón, poeta y mago. Tú me enseñaste la facilidad de no morir, tú que sigues cayendo y gritando presagios, cayendo y ganando ligereza a cada verso, cayendo cada vez mas lentamente, tú desaparecerás antes de llegar al fondo pero no por eso dejarás de existir.


Página de Vicente Huidobro (¡Chequen los aforismos!)

Acá pueden leerse los 7 cantos de Altazor.

octubre 21, 2006

Más Cortázar, por qué no.



Me acabo de leer un libro fascinante, pequeño y distraído; pero con un encanto que no te deja soltarlo para nada. Y es que apenas lo terminas y tus manos lo dejan libre, él se sacude y se va dando brincos por todo el librero, despeinando a los viejos con un aire de plumero o de fox-trot. Juguetón este librito, que además es doble ya que como Cronopios que son, a los autores se les hizo natural dividirlo en dos tomos, por qué no.

Juguetón como es (ahora está desparpajado sobre el buró, roncando a todo lo que da, sin ninguna vergüenza) era necesario un nombre igual de diablo: La Vuelta al Día en Ochenta Mundos de quién sino del buen Julio Cortázar, que ahora voltea de cabeza el clásico de ese otro Julio, su primer maestro, Julio Verne. Sin embargo, si bien el libro está firmado por Cortázar, todo su diseño y lado visual corrieron por cuenta de un Julio más: Julio Silva, pintor y escultor muy cercano al Julio escritor. Lo digo por que no sólo hizo un trabajo maravilloso; aquí Silva ilustra, da forma y complementa perfectamente los textos con imágenes sueltas, grabados, fotografías que ocupan dos páginas si él quiere, por qué no, y es de esta manera como todo se va enlazando formando una unidad, una obra completa por todos los ángulos.

Podría decirse que es un libro de ensayos, pero advierto que tomarlo como tal sería un grave error, al menos como un libro de ensayos comunes; además de que tiene un tanto de manifiesto lúdico, con poesías regadas entre la página setenta y algunos cuentos por la ciento once y la ciento veinticuatro. Más que un libro de ensayos, es una visita a la cabeza desordenada de este Cronopio que todos quieren, una cabeza que vive en ochenta mundos a un tiempo, a veces más. Por que si bien ahora habla de Louis Armstrong, dos hojas más adelante será de su visión poética, o de los críticos de arte y por qué no de su gato cuando se queda viendo fijamente un punto vacío en el espacio.


Por que Julio escribe lo que se le da la gana y como se le da la gana, y eso es lo que lo hace tan revelador (léanse el capítulo: Querido amigo, estimado o el nombre a secas), rompiendo con los esquemas tradicionales una vez más, con las lecturas de un tiempo lineal y absoluto. Un libro que al leerlo te viene la impresión de un cuarteto de jazz, tan lleno de síncopas y contratiempos en la forma, de solos de trompeta y aquí cambiamos de escala, así me gusta, antes otra pequeña improvisación y dale más a la batería. Un libro libre, profundamente esclarecedor, aunque ahora hable dormido y llene todo el cuarto de onomatopeyas, retruécanos e historias de pequeños cronopios que se toman cinco fotos muy seriecitos y una sexta sacando la lengua.

Libros Relacionados:

Pues todo de Cortázar, pero principalmente: Historias de Cronopios y Famas, Rayuela, Territorios, Un Tal Lucas; además de la infinidad de libros y autores que se citan.

octubre 11, 2006

La fuerza inaudita del Señor Presidente

Bueno, primero que nada una disculpa por no colaborar por acá, andaba yo muy atareado con varios asuntos y ya saben, el tiempo no da para mucho.

Pienso que hay libros que son como epicentros, como en todo, terremotos literarios que sacuden a toda una generación y la llenan, la inspiran de nuevos estilos, nuevas formas narrativas, de estructura, todo eso. En la literatura hispanoamericana se han dado muchos casos: Pedro Páramo, Rayuela, entre los más conocidos; sin embargo antes que todo el gran “boom” latinoamericano, existe un libro que me parece fundamental: El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias.

Basándose en la vida del presidente guatemalteco, Miguel Estrada Cabrera, Asturias retoma el tema de las dictaduras latinoamericanas. Lo sorprendente del libro, entre muchas otras cosas, es que la figura del caudillo apenas y se asoma; la historia está contada a través de historias que se van entrelazando de forma sutil, dando un panorama amplio de una Guatemala podrida, ahogada en si misma y en sus malos olores. Sin embargo, es a través de los sucesos aislados como se intuye la fuerza devastadora del Presidente, la omnipresencia de su voluntad que llega a todos los rincones, a todas las casas; que lo escucha todo y lo sabe todo antes de que nada suceda.

Es un libro que te obliga a sentirlo; el miedo, el dolor, el asco, la tristeza, se instalan en ti de golpe, se imponen sin darte tiempo a resguardarte, en serio. De repente estás en una encrucijada de sentimientos: sientes asco y desprecio por los hechos que se narran, pero las palabras usadas, cada metáfora, el malabareo del lenguaje resaltan una belleza implícita que te obliga a seguir leyendo. La abundancia de gentilicios, así como el extensísimo vocabulario del buen Asturias, al principio puede dificultar la lectura, no se asusten, es cosa de que se acostumbren (además las nuevas ediciones cuentan con un glosario ;) ).

Por este libro, Miguel Ángel Asturias ganó el Premio Nobel de Literatura en 1967; se le considera la obra prima del Realismo Mágico. Aquí les dejo unos fragmentos, meramente descriptivos (no quiero adelantarles la historia), tan sólo para que se animen:

“ La calle rodaba como un río de huesos blancos bajo puentes de sombra. Por momentos se borraba todo, pátina de reliquia antigua. Por momentos reaparecía realzado en algodón de oro...”

“…En el mar entraban los ríos como bigotes de gato en taza de leche. La sombra licuada de los árboles, el peso de los lagartos cachondos, la calentura de los vidrios palúdicos, el llanto molido, todo iba a dar al mar..."


Libros relacionados: Leyendas de Guatemala (Miguel Ángel Asturias), El Otoño del Patriarca (Gabriel García Márquez), La Fiesta del Chivo (Mario Vargas Llosa).

septiembre 09, 2006

Vertiginosa escritura sobre el acto de la lectura.

Ah, el milagro de leer y ser leído ¿Qué hay en ese espacio entre mis ojos y las letras?

Libro: espejo de mi nombre, nos sumergimos en tu corriente de símbolos con interrogantes siempre en la punta de la lengua. Buceamos en tus aguas buscando el tesoro del consuelo, del amor o del destino, del arte, de la filosofía o la sublimación. Cuidado, digo que me sumerjo en ti por mera metáfora, tú no tienes las respuestas a mis preguntas, ni eres el objeto de mis anhelos.

Narcisistas como somos, creamos la literatura a modo de espejo: leer, mirarse y reconocerse, enamorarse. Es en esta contemplación, en esta conciencia infinita al mirarse mirar mirando, donde encontramos el abrigo que buscábamos y las respuestas afloran de nosotros mismos. Platónicamente podríamos decir que dentro de nosotros ya conocemos todas las respuestas, todas las ideas viven y mueren dentro de nosotros; la lectura sólo las hace evidentes.

Yo consideraría a la escritura como el mejor invento del hombre, comunicación prodigiosa. Atentado contra el tiempo. Las letras son nuestras mejores armas contra las ataduras de nuestra transitoria naturaleza. En estos momentos, por ejemplo, leo un poema de Alfonso Reyes escrito en 1950, milagro: emisor y receptor con 56 años de diferencia. Íntima relación entre Alfonso y yo. Sloterdijk escribió alguna vez que los libros eran cartas a los amigos, verdad elitista, pero verdad al fin. Sin embargo, el milagro no termina en la comunicación, recordemos que el libro es espejo. No sólo estoy leyendo a Alfonso Reyes, en realidad si todo sale bien, yo me miraré en él, lo recrearé, lo haré mío, lo resucitaré y por un breve momento Alfonso Reyes encarnará en mí.

Octavio Paz, en su cumbre de "El Arco y la Lira", diría que el poeta mediante el poema, que no es lo mismo que la poesía, trasciende el lenguaje, crea imágenes y regresa la palabra a su fuente original. Pero nos encontramos aquí con algo recíproco, el poema hace del lector mismo una imagen, lo regresa a su estado original, divino y supremo. El poema convierte al hombre en poesía.

Así que heme aquí, devorador de símbolos, símbolo yo mismo. Escribiendo sobre el acto de leer, para que otro también me lea y ser yo en él aunque le pese. Les propongo entonces que seamos pues Poesía. Convirtamos al mundo en literatura. Por que a veces las cosas parecen más reales cuando se leen que cuando se viven.

Un agradecimiento a Lilith por la invitación. Algo bueno surgirá de todo esto.